domingo, marzo 27, 2005

Semana santa

Procesión de la EstrellaLa Estrella
Esta semana santa me he quedado en Granada y aunque ha sido un poco solitaria, ha servido para conocer cómo es la semana santa aquí y ver lo que es una celebración realmente masiva de la misma. El jueves por ejemplo al acabar la última procesión que queríamos ver nos llevó casi 30 minutos un trayecto que normalmente lleva sólo 2 o 3, porque era tanta la gente que quería irse al mismo tiempo de la zona de Plaza Nueva, que se produjeron auténticos tapones humanos. También es de destacar el lujo de los pasos (cada imagen con su trono y demás se llama paso), como se puede apreciar en la foto de la izquierda, que es sólo una muestra cualquiera de lo que se podía ver.

Como nota curiosa, es interesante también la retransmisión de las procesiones que hacen en los canales locales de televisión, donde se ponen a hablar de quién hizo la imagen y cuándo, en qué se inspiró, si fue restaurada por quién, cómo y cuándo y todos esos detalles, que a mí me recordó algo tan aparentemente distinto como el carnaval en Tenerife, cuando en la elección de la reina se ponen a decir: "Luce una fantasía llamada X del diseñador Y, inspirada en la leyenda de Z" o algo similar :D.

domingo, marzo 13, 2005

Historia de un guante y salón del cómic

De mi viaje a Sevilla me quedó por contar una anécdota que me ha recordado un post reciente de uno de los blogs que leo. Resulta que cuando salgo con los guantes puestos, y por una razón u otra me los quito, siempre suelo meterlos en uno de los bolsillos del abrigo que lleve puesto. Eso nunca me había dado ningún problema, pero en el viaje a Sevilla la cosa fue muy distinta.

Creo que a lo largo de la mañana y la tarde del domingo no tuve problemas con los guantes, pero ya a la noche, cuando fuimos a cenar al faro de triana, nos paramos un momento en el puente para sacar una foto hacia el río. Como con los guantes puestos me costaba mucho sacar la foto, me quité el derecho y lo guardé, como habitualmente hago, en el bolsillo, saqué la foto y seguimos, pero al ir llegando a la puerta del restaurante me di cuenta de que me faltaba mi guante derecho que no veía por ningún lado, supuse que se me habría caído al sacar la foto, volví para atrás y lo encontré. Y esto no fue más que el principio, porque el mismo guante, saltó al vacío en multitud de ocasiones más, aunque no llegó a perderse ninguna. La siguiente vez que lo eché en falta, fue al salir del restaurante, al que volví corriendo y lo encontré bajo la mesa, un poco más allá sacamos algunas fotos, y una de mis acompañantes bromeó con que si no lo había vuelto a perder, pero la broma resultó ser cierta, y lo volví a recuperar (esta vez sólo 5 metros más atrás, las anteriores tuve que retroceder más de 100 metros cada una). Diría que esa noche se me cayó alguna vez más, pero ahora no recuerdo el momento, y, por último, a la mañana siguiente, cuando me fui sólo de turismo por la Cartuja, también se me cayó de nuevo, y esta vez con el viento que hacía por la zona todo apuntaba a que lo perdería, pero quiso el azar que se enredara entre mis pies y al tropezar con él mirara y pensara: ¡andá, un guante igual al mío!, ¡joer, pero si es el mío! :D. La verdad es que no sé si el guante quería quedarse en Sevilla o simplemente le daba calor en el bolsillo y quería coger aire, sus continuos saltos al vacío hacen pensar que quisiera abandonarme, pero si así era, ¿por qué nunca se escondía al ir a buscarlo?.

En esta segunda parte de la entrada simplemente quiero comentar que ayer fui al salón del cómic de Granada, no porque sea un gran lector de cómics (de hecho hace bastante que no leo cómics), sino más bien por la curiosidad de ir a un evento de este tipo y ver cómo era. Así que aproveché que un compañero becario iba con unos amigos y me sumé a ellos. La cosa empezó de forma desalentadora al ver las escaleras que había que subir para llegar a la planta del palacio de congresos en que estaba todo (porque aún sigo teniendo problemas con la rodilla). Pero nada más subir, nos detuvimos (yo y mi compañero) en el lugar en que daban un cómic de obsequio con la entrada. Me iban a dar uno "cutrillo", pero al final mi compañero (que tiene más cara y poder de convicción que yo) consiguió que nos dieran uno de los buenos (de tapa dura), y como se pensaron que era uno para cada uno (en realidad él ya había recogido el suyo), al final me acabé yendo con los dos :-S. Siendo bastante desconocedor de los cómics, apenas sabía que mirar o qué valía la pena y qué no, pero mi compañero que es todo un experto en la materia, me iba contando de qué iban casi todos los cómics, qué series de cómics le gustaban, qué libros tenían dibujos de calidad, de todo un poco, vamos, un gran guía :D. Destacaba también la cantidad de gente que iba disfrazada, y el ambiente friki en general del evento. Otro de los amigos que se nos unió después se sacó fotos con muchos de los que iban disfrazados, pero yo la verdad es que sólo saqué una foto de Charm, un dúo de dos chicas que cantaban canciones en japonés, que actuaron en una de las salas más grandes del recinto prácticamente repleta, y con sus superfans en primera fila, dando palmas, patadas contra el suelo (que temblaba hasta en dónde nos pusimos nosotros) y de todo un poco. Lo que también se aprecia enseguida es que el hobby de los cómics es muy caro, y si se quieren además figuras de personajes aún más, porque aunque eran muy bonitas, apenas pasaran de 10 centímetros de altura, pasaban también de los 100 euros en la etiqueta del precio. Estoy seguro que ésta segunda parte del post les dará un poco de envidia cuando menos a Nami y elwen :D ;).

martes, marzo 01, 2005

De regreso de Sevilla

Nieve desde el bus¡Qué frío!
Al final en lugar de sábado, domingo y lunes, sólo fuimos el domingo por la mañana (salimos a las 8 de Granada) y regresamos el lunes por la tarde a las 16.

Dicen que la lluvia en Sevilla es una maravilla. Visto así, el fin de semana en Sevilla ha sido maravilloso, sobre todo en el caso de que el viento también puntúe en esa afirmación.

El viaje empezó con un trayecto en bus marcado por la nieve que caía con cierta fuerza a nuestro paso, y que aunque no había calado mucho, sí que empezaba a dar un color bastante blanco al paisaje.

Al llegar a Sevilla nos encontramos con que era el día de la maratón, muchas calles estaban cortadas y el chófer no sabía llegar así a la estación de autobuses, lo cual supuso casi una hora de retraso hasta que al fin llegamos a ella.

Al salir de la estación fuimos en dirección a la catedral, pero la fuerte lluvia y que no todos íbamos bien preparados nos llevaron a desistir de ver nada y partir, de forma un poco alocada para mi gusto, en busca del hotel a pie (que los autobuses hasta que no acabara la marathon no iban).

No obstante esa noche ya sí salimos y paseamos algo, y sobre todo comimos bien, en un restaurante junto al Guadalquivir que se llamaba el faro de triana.

Puente de la barquetaPuente de la barqueta
Por unas razones y otras, el lunes acabé saliendo yo sólo por la mañana mientras los demás dormían y fue ese momento el que más aproveché para visitar un área más grande de la ciudad y sacar fotos donde seguramente los demás del grupo no me hubieran seguido. Y gracias a ello aproveché algo más el día, que sino casi que me hubiera ido de Sevilla sin ver nada, y no creo que vuelva pronto, con lo cual hubiera sido una pena.


Catedral de SevillaCatedral y base de La Giralda
Hacia mediodía me fui acercando al centro otra vez y me reencontré con el resto cerca de la zona de la catedral. El resultado del paseo, aparte de la colección de fotos, fue que el fuerte viento y la lucha por mantener medio entero y abierto el paraguas me castigaron mucho las rodillas y aún hoy me duelen si camino mucho y sobre todo, si intento bajar o subir escalones, pero bueno, no es la primera vez que sufro de las rodillas y unos días de reposo seguro que las ayudan a mejorar.


Y no puedo terminar el post sin destacar lo amable que es la gente de Sevilla, que te ayudaban en todo lo que podían y se portaban siempre muy bien, tanto en la calle como en los bares o el autobús, me ha sorprendido muy gratamente. Un recuerdo especial va para el bar "La esquinita de Arfe", que está bastante cerca de la catedral, si algún día queréis desayunar por la zona, os lo recomiendo sin duda ;).

jueves, febrero 24, 2005

Viajecillo a Sevilla

Bueno, del problema de la indigestión creo que ya estoy recuperado. El muscular, con dolores en el pecho y la espalda espero que también se haya ido, aunque como suele reproducirse por las tardes, pues no me arriesgo a afirmarlo aún. En cualquier caso, aprovechando que el día 28 es fiesta en Andalucía y salvo arrepentimiento de última hora, este fin de semana nos iremos algunos becarios/as de la universidad a Sevilla, a hacer un poco de turismo :). Espero que no tengamos que traernos fotos con nieve de allá :-S.

Por otro lado, este fin de semana se va mi compañera de piso, no por "conflictos" como con mi compañero anterior sino por temas personales suyos. Así que vuelvo a tener que buscar otro compañero/a y la verdad es que se me hace muy pesado, espero tener suerte y no tener que cambiar más en lo que queda hasta el verano... :/.

domingo, febrero 20, 2005

Indigestión

Ayer fui a una comida exquisita pero con un contratiempo a día de hoy... que me ha sentado fatal y me he pasado el día en el baño entre diárreas y vómitos. Por la tarde, al ver que la cosa no mejoraba sino que empeoraba fui al médico por urgencias, que me mandó suero para esta noche, una pieza de fruta sin piel para mañana por la mañana y para el almuerzo una sopita ligera, sin vinagre y con limón. Así que si veis que tardo un poco en escribir y no he contestado los comentarios es que no me encuentro muy bien para hacerlo :-S.

lunes, febrero 14, 2005

Amor

No soy dado a considerar especiales las "fechas señaladas", he olvidado varias veces mis cumpleaños y los de otros (éstos últimos, no obstante, me propongo recordarlos más que el mío propio), así que San Valentín tampoco es una fecha que me diga nada. Si acaso, los múltiples mensajes de todos ámbitos me hacen pensar en el amor, pero eso ocurre muchas veces más... Y con esto simplemente quiero decir que hoy, aunque no por ser el día que es ni por haber encontrado pareja ni nada especial, voy a escribir sobre el amor. Algunas cosas de las que pondré coincidirán con mis propias impresiones o emociones o recuerdos de ellas, mientras que otras serán sólo mi visión de lo que me han contado, de cómo viven otros el amor, o de cómo se pueden experimentar ciertas situaciones. Sin más, ahí va:

LA BÚSQUEDA
Jugar. Jugar a buscarlo o no jugar. Esperar a que llegue sin buscarlo o tentar a la suerte con encontrarnos, por si olvidó las señas de nuestro corazón en el último cambio de dirección de nuestras emociones. Mirar a las intuiciones a la cara y pensar si será ella o no será. Soñar. Soñar en lo que pudo ser o en lo que podría ser. Sentir el hormigueo de la ilusión con una nueva persona, pensar en ella tantas horas, aún sin estar seguro, sin saber si atreverte, si intentarlo o no. Jugar, otra vez jugar, al juego de la casualidad, a un simple "hola, qué tal?" al compás de un oculto galope del corazón, sin saber si a ella le pasa igual. Encuentros "casuales" marcados por horas de espera, casualidades que se resisten semanas o meses, y a veces luego ya es tarde, espero que no siempre.

EL MOMENTO
Enamorarse estando solo, por primera vez, sin miedo ni compromisos, sin temor a sufrir daño, sin cuestionarlo, sin dudar. Enamorarse de una estando con otra, o enamorarse incluso de dos a la vez, dudar en el camino a tomar. Amores que no pueden ser, cargas que no te dejan moverte libremente, añorar que fuera ésta la primera vez, y ser libre, libre como en algún momento dejaste de ser casi sin darte cuenta. Enamorarte de quién no debes cuando no debes, o enamorarte de quién debías, pero ya tarde. Alejarte de alguien por amor, porque sabes que será más feliz así.

LA ESPECULACIÓN
Hacer malabarismos con el regalo de un amor, invertir corazones ajenos en pasiones corporales momentáneas, conseguidas con mentiras si hace falta. Sentirse más macho al dejar en la memoria colecciones de cuerpos hermosos de interiores desconocidos. Empezar por la mitad o por el final, y ver si el principio viene luego, en lugar de esperar por un principio seguro que no siempre puedes reconocer. Apostar un beso incierto en la ruleta a casilla par o impar. Arriesgarte a hacer daño o ser herido, o a dejar consecuencias que pueden marcarte para siempre, porque hoy en el plato del almuerzo se sirve vida y no conviene rechazarla siempre.

EL ENCUENTRO
Caer, caer como un tonto y sin remedio dentro de la telaraña del amor. Vivir por ella, pensar siempre en ella, soñar con ella, sentir que todo lo hermoso adopta sus rasgos de una manera u otra y te la recuerda. Morir casi, sin morir, luchar por olvidar tu amor no correspondido cuesta mucho a veces. Sentirte a veces amado, y desear estarlo tú también y no poder, querer a la otra persona, pero no así, danzar en la cuerda floja entre la amistad y el amor intentando que no se rompa, sin perderla ni hacerle daño, tampoco es fácil. Y al fin, un día, encontrarlo sin barreras, sin impedimentos, la fuerza recíproca e incontenible que intuías que estaba ahí aún antes de la primera vez. Sentir en los labios un primer beso, y, en el pecho, un corazón desbocado pero a la vez alegre, libre por fin, eufórico y salvaje, fundirse dos pegasos en un sol, hacer el sexo por amor, muertos de sed de caricias, dejando exhaustas las energías que no paran de recargarse a la velocidad de la luz y vuelven por más.

LA EVOLUCIÓN
Sentir como cambia sin perderse, ver transformarse el relincho del alma en pequeños lagos cristalinos, donde dos miradas se cruzan y no hace falta mucho más. Escuchar la sintonía de la historia, de los momentos vividos, saber los pensamientos detrás de su sonrisa. Abrazarse, simplemente abrazarse.

domingo, enero 30, 2005

Bibliotecario

La vieja biblioteca pareció sorprenderse al vernos abrir la puerta y penetrar en sus espacios tantos años olvidados. Su anterior dueño (un sabio y viejo filósofo que seleccionaba con mimo cada nuevo ejemplar que adquiría) se había visto obligado a venderla, al parecer por problemas de juego y diversos otros vicios que dilapidaron sus ahorros, o al menos eso contaban los pocos que aún recordaban algo de aquellos años. El nuevo dueño murió poco después de adquirirla, quedando como herencia de sus tres hijos, que la mantuvieron todo ese tiempo cerrada, hasta que hubieron aclarado los temas legales de la herencia y alcanzado un acuerdo para su venta con el ayuntamiento. Ahora, que por fin estaba en manos públicas el que había sido símbolo de la cultura de nuestra pequeña ciudad para tantas generaciones, nos habían contratado para volver a inaugurarla, contando como colección bibliográfica inicial con todos los viejos volúmenes del tiempo en que cerró junto a algunos de los últimos best-sellers que aguardaban en el maletero de la furgoneta que dejamos aparcada en la esquina un par de minutos antes de abrir la puerta.

Lo cierto es que ninguno de los dos habíamos dudado en dejar la anterior biblioteca pública y embarcarnos en el ambicioso proyecto de devolver su gloria al mágico lugar que ahora se abría ante nosotros, que aunque oculto bajo montones de polvo y telarañas, seguía teniendo el mismo halo majestuoso que nuestros abuelos nos contaban que había cautivado sus corazones de ávidos lectores en su época de juventud.

Nos costó varias semanas limpiar las numerosas estancias, sacando el viejo brillo en la madera de cada pequeña estantería y de la cubierta de libros, que en algunos casos, hubieran hecho la boca agua a algún que otro coleccionista hambriento de ediciones poco usuales. Una vez terminada esta tarea, procedimos a catalogar todos y cada uno de los ejemplares, y protegerlos con los nuevos sistemas informáticos de los posibles intentos de robo y, así, cuatro meses después, volvimos a abrir las puertas al público, que acudió a centenares el día de la inauguración y que desde entonces, se reparte cada día por las numerosas estancias, recorriendo con cariño tanto las páginas blancas y resplandecientes de los nuevos libros como las más amarillentas de la vieja colección, soñando quizás que alguno de sus abuelos tuvo alguna vez en las manos ese mismo ejemplar.

Yo nunca salgo de mis escondites cuando hay gente, sé que a muchos les asusta, pero por las noches soy el único que queda recorriendo de lado a lado los pasillos, cuidando de que todo siga en perfecto estado, y leyendo alguno de los miles de libros que aún me quedan por leer.

Pero ya se hace de día, debo dejaros, viene mi compañero el bibliotecario con un nuevo trocito de queso para mí...